martes, 24 de septiembre de 2019

El campito donde no pude gritar.

Cada vez que hace frío y me pega el sol me acuerdo de los inviernos en el campito. Ya no quedaba nadie a la siesta, no había gente, no había fiesta. Recostada en la hamaca de lona, un poco sucia, me dejaba caer. El viento me rallaba los poros mientras me hundía envuelta en ese repollo de fibras y mugre. Pensaba poco pero pensaba. Pensaba que estaban todos locos. Fue en una de esas sesiones de sueño al sol que caí en la cuenta: mi cuerpo era una deuda. No podía dormir de más: esa misma tarde había consultorio. Había balanza, había entrevista, había juicio. Pensarme en un bar comiendo proteína con angustia post consulta me erizaba las tripas. Pero faltaban horas todavía, y el sol me regalaba un momento más, de esos que te acordás después cuando crecés y te sacás de encima los colores que solían habitar tu cuerpo. Entonces quise apagar mi cabeza un rato.

Miré al sol con ojos cerrados pero con la firmeza de quien espera una respuesta. "Voy a pensar en la luz, no más, a ver si me distrae." Funcionó unos minutos. Mi respiración se aquietó sin que pudiera darme cuenta. Mis venas se apaciguaron como una pileta sin niños. Mi piel se entibió y con ella se soltaron mis hombros. El silencio era una ofrenda insoportable, porque detrás de ese silencio aparecían gritos. Se iban yuxtaponiendo como capas de sonido lejano y cada vez se acercaban más a mí. Gritos de anoche, gritos de la semana pasada, gritos de risa, gritos de alcohol, gritos de miedo, gritos de desacuerdo, gritos imperativos, gritos de auxilio, gritos de otros y ningún grito mío. Nunca un grito mío. Busco en mi propio hilo narrativo algún origen, algún indicio de gritos y sólo me encuentro con una pregunta. ¿Dónde se fueron mis gritos?

miércoles, 21 de agosto de 2019

Callate.

Quiero compartir con vos
lo más importante que tengo.
Mi silencio.

Quiero que vengas a mí
para darte
lo que más guardo.
Mi silencio.

No lo presto todo el tiempo,
pero quiero que con vos
sea silencio.

En tus ojos:
desaprobación.
Pero aún así con vos:
mi silencio.

Donde guardo lo que reservo,
donde enfrento mis encierros.
En silencio.

Nos callamos como deporte.
Nos miramos entre rieles.
Degustamos
el silencio.

viernes, 16 de agosto de 2019

Ganas de perder.

Enredada en lo periódico de la rutina y casi sin quererlo aparecen las ganas. No sé cómo cautivarlas y sostenerlas, pero aparecen. Quizás es lo que menos necesiten: estar presas. Quizás van y vienen como desean. Quizás, entonces, deba tratarlas como se trata cuando se ama: con soltura y sin amarres. Con pérdidas y no ganancias. Con entrega y sin devolución. No es cierto que así deba amarse pero es exactamente así como prefiero amar. Igual, qué sé yo.

martes, 6 de agosto de 2019

Perder el tiempo.

"Miedo de morir, antes de saber vivir."



Estoy perdiendo mi tiempo.
Estoy perdiendo mi tiempo.
Estoy perdiendo mi tiempo.
Tipeo lo mismo una y otra vez.
No copio y pego,
pierdo el tiempo.

Estoy perdiendo mi tiempo.
Estoy perdiendo mi tiempo.
Estoy perdiendo más tiempo.
No me voy ni me ausento.
No me quejo, me miento.
Pierdo el tiempo.

Me sale la urgencia
típica.
La urgencia de ser humano
y no serlo más.
La urgencia de no aprender
a contar
lo vivido.

Estoy perdiendo el tiempo
y no quiero
perder mi tiempo.
Y quiero
y no quiero
llegar a perder
la paciencia
también.

No puedo titular mi versión de bibir.

Movete, rayame.
Lastimame.
Rallame.
Escupime,
no importa.

Mentime,
porque está
en vos.
Y todo, todo
se queda en vos.

¿Qué te provoco?
¿Qué te parece
vivirme?
¿Qué te parece
matarme?
Hacé lo que
quieras.

Ocupame,
transformame,
equilibrame,
y desarmame
otra vez.

Volvamos a
escupirnos,
a matarnos,
sólo por
el placer
de vernos
nacer otra
vez.

No sirve
morir
si no vamos
todos
a verte
nacer.

Vamos a
morirnos.
¿Querés?
Vamos a
armarnos
de nuevo,
con barro
y jugos de
frutas podridas.

Dejemos de
corregirnos,
dejemos de
ser felices
sin detenernos
a pensar por qué.

Dejemos de
pensar que
la tristeza
es un fin.
Claramente
es el medio.

Tomalo,
no lo tires.
Dejalo.
Dejá las
lágrimas.
Dejalas ser,
dejalas caer.

Mirate,
levantate,
escupite,
atormentate.
Llamá a alguien,
sufrí con él.
Dejate ayudar.
Dejate ser.
Desconfiá
de vos mismo.
Te mentís
más de la
cuenta.
Buscá aceptación;
cuando la
encuentres:
dejala ir.
Lejos está
de tu necesidad.

Escupí palabras
hasta que salga
la que buscás.
Odiate.
Odiate mucho.
Porque ya sabés
que pronto
te vas a tener
que perdonar.


-2013.

Cosa.

Mi Cosa vive ahí, donde nadie tiene acceso.
A veces quiere salir, pero no la dejo.
No sé qué tanto dolor puede tolerar.
No sabe qué tanto amor le irán a dar.

Mi Cosa sabe de encierros y suspenso.
Sabe esconderse cuando no queda más remedio.
Tiene vergüenzas, saberes y molestias
ante lo crudo y desnudo de la Tierra.

A veces tengo febriles fantasías,
que mi Cosa pueda ver la luz del día.
A veces nos enfrentamos, llenas de amor.
A veces sentimos odio, a veces pudor.

Ni mi Cosa ni yo esperamos demasiado,
ya sabemos, la existencia vive del pasado.
Pero a veces tengo dudas y pregunto despacio
qué pasa si la dejo salir un rato.

sábado, 20 de julio de 2019

Olor.

Recuerdo por qué no habito la noche más que en mi propia piel.
Recuerdo este vacío como un amar de años.
Sé que no hay ganas feas pero sé que no hay ganas tampoco.
Sé que no significo nada pero sé que también algo soy.
Hablo como si no hubiese mañana.
Hablo, no sé qué decir.
Estática, estoica frente a la escena.

Siento pero igual no sé sentir.