martes, 26 de noviembre de 2013

Cosas que me gustaron de las vacaciones en Córdoba.

El helado de cedrón
Cuando las palomas caminan, que mueven el cuello como re groovy
Ducharme
El olor a barniz en la estación de Capilla
Los colores vibrantes
Los perros
Sentarme en las piedras dentro del río
Las piedras que brillaban
Que todo parecía La Comarca
Ana
El dip de lentejitas
Los platos desparejos
Los cabritos
El agua, que no sabe a cloro
Las artesanías
Los muchachos que vendían tartas y pais
Los muchachos que hacían malabares
Los muchachos que tenían rastas
El resto de los muchachos
El olor a macoña
La palabra macoña
Las charlas
Los túneles(citos) de árboles
El vado que cortaba el pueblo
Que había cactus por todos lados
Las papas fritas al paso
Escuchar música en el callejón sin salida, al cual probablemente no debimos pasar
Despertarse y cerros
Acostarse y cerros
Ese miedito que me dio cruzar el puente a la 1 am, sobre el río y con los cerros de fondo
La cantidad de milanesas que había
Los ojos del alemán que vendía tarta
El músico ambulante que cantó Psycho Killer, una noche
Que Alberto se haya copado explicando la flora del lugar
Que Alberto nos salude dos veces, random, por la calle
Alberto
Putear a Carina
La picadita
Que nadie habló de Longobardi
Los guachitos en patas corriendo por la plaza
El perro que sabía agarrar las papas fritas en el aire
El trayecto Capilla-San Marcos, en bondi, escuchando música, mirando sierras o cerros
No saber si son sierras o cerros
Decirle a mi mamá que la extrañé
Comprar alfafores
Decir "alfafores" con impunidad total
Hablar con el pucho en la boca
Per Tutti y sus desayunos de 22 pesos
Las mesas en las calles de la plaza



jueves, 30 de mayo de 2013

El relato del allanamiento, Don Ramón y drogas.

Fue así. Vengo caminando por San Martín y Rivadavia. Y me para un cana. "¿Cuántos años tenés?" Ya lo sabía, me iban a llevar de testigo. *flashea Ana Frank* Ya fue, me entrego, pensé. "20" "Vení, acompañame." Primero pasamos por la policía, así que me quedé tranquila de que no estaban por venderme a trata de personas. Aunque no hubiesen ganado un peso conmigo. Ahí esperamos que se copen unos tipos armados para defendernos.
Tipos armados, todo ok. Partimos para "acá cerquita", donde nos habían dicho que íbamos. Caímos en Roldán, a más o menos 30 minutos de donde estábamos. Plena villa, para la trafic, paran los autos de tipos armados todos con chalecos antibalas, todos menos los testigos. De repente... GRITOS. La chica policía nos mira. "Se darán cuenta que esto es un allanamiento, ¿no?". "Por supuesto."
Ahí nos dice que la sigamos. La seguimos. Entramos a una ridículamente pequeña morada. Más mugre adentro que afuera. Una mujer, aparentando unos 35 años, despertándose medio en bolas, con una nena chiquita, de unos 3. En la otra "habitación", el apodado "hombre araña" por los policías. (Entraron y el tipo trepado en la pared, REAL.) Lo sacan esposado, lo sientan en los escombros del "piso". La mina se sentó con la nena en una silla. Todo era como una reproducción infiel y muy desbaratada de los objetos cotidianos. No sé si cabe mucha descripción para el tipo: era Don Ramón. Igual de flaco, igual de alto, igual de falopeado. Les hacen preguntas, los toquetean un poco a ver si tenían algo. Al lado de la cama -o lo que fuera- había un arma. Entra el tipo que revisaba todo, vamos a la parte que hacía de cocina. Una olla con polenta fría. Un sachet de yogurt "Cotar" vacío. Un calentador. Una botella de aceite. Listo cocina: libre de falopa. Pasamos al "living". Un televisor robado del año '40. Mesita con reposera de 1987. Mate, pava, azúcar, papeles. Al costado; un aparador. Bolsas y bolsitas con más bolsitas y tubitos llenos de sustancia similar a la cocaína. Unas 15 bolsitas de marihuana. Una revista con cocaína picada en hileras. Un recipiente pequeño con unas siete balas. Ahí los canas meta pesar bolsita. Nos aburrimos con el otro testigo -con quien creo que fui a la primaria-. Fuimos afuera a fumar un puchito. Nos llaman de vuelta; habían llegado los peritos. Había que probar si era o no coca. Para mí podía ser Maizena todavía. Yo tenía esperanzas en Don Ramón alias el hombre araña. Los testigos, nosotros, teníamos que seleccionar de cada montón un paquetito cada uno. El tipo lo abría y ponía un poco en un cartón. Le ponía una gota de químico -cuyo nombre pregunté y no supieron decirme- de color rojo, el cual en contacto con cocaína se convertía en azul. Las muestras quedaron hermosas, muy art attack. A todo esto, me sonaba la alarma de la pastilla que no podía tomar debido a la falta de civilización y agua potable. Siguieron haciendo muestras. Me bajó la presión, le copé el auto a los milicos y me dormí una siestita. En el entretiempo, mi vieja movilizó a todo San Lorenzo, incluídos los de la policía, aduana y prensa local. Bueno, nos terminaron de mostrar que era todo falopa, porque Don Ramón, uno le tenía esperanzas, pero la verdad tenía una cara insalvable. Tembló las casi 11 horas que estuvimos ahí. Y no hacía tanto frío. Cayó la mamá de la detenida, quien al final tenía 19 años, porque METH, NOT EVEN ONCE. Nos contó su historia. Se falopea desde los 11, vive atrás de Don Ramón, es prostituta, tiene como cuarenta hermanos. Los canas decidieron dejar a Dainara -o Daimara o Dainira o Pobrecitalepusimosunnombredemierda- con la abuela, Nebi. Nos leyeron el acta -ahí caí que había ido a la primaria con el otro testigo, no dije nada igual-.
Antes de que nos llevaran pa las casa' escuché a la vecina llamar a los gritos a sus perros. Como dato final, los nombres de los perros: Sam, Mia, Daisy (o Deisi) y Toby. Todo me recordó a mi niñez. TODO.