martes, 13 de noviembre de 2012

Nenes.

Somos dos niños que se maravillan ante la obviedad que desconocen como tal. Nos encontramos en esta vida, nada más. Sí. Pero parece (y es) tan mágico. También.



Sofie

viernes, 9 de noviembre de 2012

Hola, querido, tanto tiempo,

Me enfermás. Me enfermás y no te entiendo. Yo soy tan vos. Escribir esa frase me cuesta que no te das una idea. Pero sí, yo soy tan vos que me da asco. Ojo, no lo tomes a mal, querido. Si no sabés lo que te quiero yo. No te das una idea. Pero honestamente, lo que siempre me dio tanto miedo no es llegar a parecerme a vos; sino aceptar que ya lo hago. Ya soy tan vos. Lo único que espero, y te lo escupo así, directo, de mi mente, lo único que espero, es no llegar a hacer lo que hacés vos.







Sofie sin corazoncito pero con corazoncito. Idiota.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Charla de una mina a un desconocido, en la parada de colectivo, en un rincón de mi cabeza.

"¿Seré un alma vieja? ¿Será por eso que estoy tan harta? Nací harta. Usted no sabe cómo extraño yo la ligereza de allá. Del otro pedazo. Usted no se da una idea. Acá, toda esta gente me hace complicada. Yo no era así. Allá no existía eso.
Usted no sabe cómo extraño yo mirar para adentro. Mirar y verme, ¿no? Ahora miro y es todo macizo. Es todo grueso, opaco, resistente, que no se caiga ni se desparrame nada. Allá las cosas eran transparentes, uno dejaba volar lo que tenía adentro.
No quiero meterme en esos asuntos, que son muy turbios y oscuros. Pero honestamente, dígame, ¿a usted no le parece, también, que allá era todo más fácil? Era vivir en vacaciones.
Acá la gente mezcla todo.
Pero si hay algo que les admiro, que hacen sin darse cuenta, es desearles a sus enemigos la muerte. ¿Podrán ser tan tontos -o tan admirables- de desearles a sus enemigos ese estado de paz que uno debe venir a ganarse? Porque no mienten cuando dicen que venimos a morir. Pero no morimos porque sí. La vida es algo tan pesado y turbio que le han puesto connotaciones positivas para no pegarnos un tiro en la sien. Pero en realidad, está hecha de las pruebas que tenemos que pasar para ganarnos unas vacaciones y volver a empezar. No se la deseo a nadie. Después, el premio es lindo. Pero antes es jodido, vio.
Con todo su misterio, vicios, trabas, frustraciones. Todas las ganas de llorar, que nos han hecho creer que debemos reprimir. ¿Y por qué iría usted a reprimir algo tan natural? ¿Por qué reprimir el llorar pero correr al baño a defecar? Como dije, la gente mezcla todo y la estadía acá se me hace ilógica. ¿Usted mezcla todo también? ¿No se siente confundido? Yo me siento confundida. Hacía lo que me decían que haga, eso era correcto, eso estaba bien. De repente uno se detiene unos minutos a pensar y se cuestiona. ¿Nadie piensa? ¿Será que piensan y tienen miedo, como yo? ¿Será que piensan y se acobardan, como yo? Yo pienso, pero hacer me aterra. Doy tan lindos consejos, verá usted, pero resuelvo tan mal. Y sueño tanto y hago tan poco. Una vez quise hacer. Quise hacer como hacen todos, como me dijeron que haga. Y cuando estaba haciendo, lo más extraño pasó, fíjese. Empecé a hacer, y dejé de soñar. Hacía, sí. Pero no sabía qué hacía. No sabía por qué lo hacía. Usted, yo le hago una sugerencia, usted fíjese qué está haciendo, antes de qué quiere hacer. Porque a lo mejor ya está haciendo lo que quiere hacer. Pero de repente ¿mire si no está queriendo lo que hace? Hay que querer lo que uno hace. A veces uno odia lo que hace; eso está bien. El odio es una forma de querer, también. Y está bien porque sirve. Después de odiar un rato, uno aprende. Que es lo único que tenemos que hacer; aprender. Uno aprende a sacar lo que hay que sacar, a recuperar lo que hay que recuperar, a volver. A volver a ser. Lo digo siempre, es tan difícil volver a ser. Y el odio es para eso. Porque el querer, no viene sin el odiar. Es como un combo dos por uno, ¿no? Con el querer solo no se hace nunca nada. Por eso, y no lo digo para bajonearlo, por eso es que la vida es una desgraciada. El odio es como el motivador ese que le hace bajar un cambio y entender. Es como cuando una no encuentra el labial en la cartera. Y una tiene que verse con el muchacho, pero el labial no aparece. Sabemos que está ahí, el muy bastardo se nos esconde. Y pataleamos en el piso, molestando a quien pase, porque el maldito labial no está. Dejando de lado que sin labial probablemente estemos más bonitas, en algún momento dejaremos de quejarnos y empezaremos a vaciar la cartera de a poco, mientras millones de objetos raros (nunca se meta en una cartera de mujer) van apareciendo ante nuestra vista; objetos que no sabíamos que convivían ahí con nosotras, con el labial. Y entonces, una aprende a dejar de ser tan gata flora, ¿no? Así, tan simple y vulgar como eso. Tan profunda como quiera hacerla. La vida es así, es una desgraciada. ¿Ese es su bus? ¡Es el mío también!"

Una mina a un desconocido, en la parada de colectivo, en un pedazo de mi cabeza.




Sofie